El vencedor de Troya, el ingenioso entre los hombres, favorecido por la de glaucos ojos, capaz de abrirse paso donde otros perecen. Pero también Odiseo el escindido: el que reconoce la injusticia de la guerra cuando ya es demasiado tarde, para desgracia suya y de sus seres amados.
En Ísmaro, al renunciar a la violencia, deshonra a Ares y sella, sin saberlo, su propia condena. De ese gesto nacen la ruina de sus huestes, el sacrificio de Agertes y el largo extravío que le será impuesto por los hados. Odiseo es así el que, aún favorecido por Atenea, debe pagar el precio de su lucidez.
Último sobreviviente de la era heroica, Odiseo no sólo cierra un ciclo: su extravío abre paso a una nueva estirpe, la de los guerreros de Atenea, para quienes su historia será a la vez ejemplo y advertencia.
Su dinastía está estrechamente ligada a la naciente hueste de Atenea y a su aciago destino…
Odiseo es el motivo de disputa entre Ares y Atenea en Ísmaro. El rico en ardides habrá de separarse para siempre de su fiel Agertes, en el Canto primero del Libro I, Agertes…
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