ARES

Encarnación absoluta de la violencia bélica, Ares representa el furor, la desmesura y el goce irrestricto de la guerra. Su séquito está conformado por sus hijos, los gemelos Fobos y Deimos, y por su hermana, Enio, quienes siempre esparcen los horrores de la guerra en el campo de batalla.

Incapaz de concebir el combate fuera de la sangre derramada, su personalidad se define por la ira y el orgullo. Desdeña la templanza y la justicia, a las que considera formas de debilidad, y convierte la guerra en una extensión de su voluntad.

Al interpretar la decisión de Odiseo de cesar la matanza en Ísmaro como una afrenta, desencadena la destrucción de los itacenses y evidencia la incompatibilidad entre la justicia y la guerra. De esta manera, y sin proponérselo, Ares propicia la instauración de un nuevo orden que limita su propia esencia: el de los guerreros de Atenea, que encarnan la forma regulada de la violencia que él desborda.

No duda en hincar su flamígera lanza en el campo de batalla o en el lecho ajeno, con tal de imponer su dominio y causar un daño irreparable, revelando que su violencia no conoce límites ni espacios. Su conflicto con el orden de Atenea habrá de persistir más allá de cualquier derrota.

Ares se presenta ante Odiseo en Ísmaro para acabar con él y con sus huestes en el Canto Primero del Libro I, Agertes

AGERTES