ESFINGE

Guardiana del umbral del Gimnasio, la Esfinge recibió de Atenea la siguiente encomienda: “nadie que no sea aspirante, didáscalo o guerrero puede entrar, y ninguno de ellos puede salir.” Amenazante, felina y siempre alerta, custodia la frontera que separa el mundo ordinario de ese recinto ritual, prohibido y sagrado en el que se está gestando el nuevo orden. Bajo el dominio de Aquiles, pero fiel solo al mandato de Atenea, permanece como centinela de un espacio cerrado y sin retorno.

En torno a su figura se fija la ley del Gimnasio: toda entrada implica ya una sujeción irrevocable a la prueba. Su vigilancia no concede tregua ni excepción, y su amenaza, siempre contenida, define el rigor del lugar más que cualquier disciplina. La Esfinge resguarda el umbral que habrá de parir el mundo futuro.

La Esfinge custodia el acceso al Gimnasio de Atenea en el Canto segundo del Libro I, Aquiles

AQUILES