Nacido de una transgresión divina y marcado por una profecía inexorable, Perseo encarna el dominio lúcido del peligro. A diferencia de otros héroes, su mayor hazaña: decapitar a la Gorgona sin mirarla, se cifra en la resolución hábil y estratégica del conflicto.
Su figura enseña, sin proclamarlo, que hay monstruos que no pueden ser combatidos frontalmente, sino sólo a través del rodeo, del reflejo o del artificio. Pero la inteligencia, cuando vence, no disuelve el horror, sino que lo contiene. Por ello, quien de él aprende deberá ser capaz no sólo de actuar con prudencia, sino también de cargar con las consecuencias de lo que ha sido domesticado, pero no aniquilado.
El hijo de Zeus y Dánae será reclamado por Atenea como otro de los didáscalos de su Gimnasio en el Canto segundo del Libro I, Aquiles…
AQUILES