Es el primogénito de Afrodita y Ares, por lo que, en su ser, conjuga la pasión del deseo y el ardor de la lucha. El dios alado es caprichoso y solitario, no reconoce ninguna autoridad y no hay nadie capaz de sustraerse a su poder.
Eros no toma partido en la guerra olímpica por ningún bando. No le interesa quién gane o quién pierda. Su ámbito de influencia trasciende la esfera de lo mundano y nada hay más mundano que la guerra. Sus flechas, sin embargo, sí que habrán de atravesar el campo de batalla.
Y ya se sabe que la herida provocada por Eros, es siempre más dolorosa que la que ha sido producida por la espada.
Eros es omnipresente… El ojo despierto podrá verlo en todos los Cantos tirando sus flechas…
COSMOS